ESI UCLM
HomePortadaEl mal uso del PC en el aula y de la IA, malos compañeros al inicio del viaje académico

El mal uso del PC en el aula y de la IA, malos compañeros al inicio del viaje académico

Chico controlado por IA

El mal uso del PC en el aula y de la IA, malos compañeros al inicio del viaje académico

Decía Aristóteles que «Lo que tenemos que aprender a hacer, lo aprendemos haciéndolo». La frase, aparentemente tan sencilla, resulta hoy especialmente pertinente para quienes inician el Grado en Ingeniería Informática. En una época en la que todo parece resolverse con un clic, el comienzo de la carrera exige exactamente lo contrario: lentitud fértil, atención profunda y el coraje y la paciencia de enfrentarse a problemas sin solución sencilla e inmediata. Es en los dos primeros cursos donde se forjan principalmente la disciplina mental, el pensamiento computacional y la capacidad de abstraer, modelar, probar, corregir y optimizar. Y es también ahí donde dos tentaciones, 1) el portátil mal utilizado en el aula y 2) la inteligencia artificial generativa usada como atajo, amenazan con desfondar los cimientos de un futuro ingeniero.

No se trata de demonizar la tecnología, menos aún en una titulación tecnológica. El ordenador (en cualquiera de sus formas) es, y será, un complemento natural del oficio del ingeniero. Pero un instrumento poderoso mal empleado deja de ser herramienta para convertirse en amenaza. En el aula, el portátil puede convertirse fácilmente en una fuente de distracciones: notificaciones que interrumpen, pestañas que se multiplican hacia una navegación sin fin, o conversaciones en chats que reclaman lo inmediato. La atención es un recurso escaso y frágil; cuando se fractura, no es fácil recuperarla. Ausentarse de la clase debido a alguna distracción puede implicar que no regreses hasta pasados unos minutos, lo que implica dificultad para comprender los conceptos. Esa frustración suele empujar hacia una nueva evasión digital y entrar en una espiral sin retorno. El resultado es que, al finalizar la clase, el estudiante apenas recuerda nada de lo que profesor y compañeros han construido en común durante la última hora.

La consecuencia no es menor, ya que algunos estudiantes acaban convencidos de que asistir a clase “no merece la pena” (sin entrar en el debate sobre cómo debe plantearse una clase en tiempos actuales para aportar el valor que espera el estudiante). Desde luego, visto así, mejor invertir el tiempo de una mejor forma. Esta postura, sin embargo, es un error. Asistir a clase y hacerlo de forma activa te permite asimilar los conceptos en el orden, ritmo y modo adecuados y trabajar/aprender de forma colaborativa (recuerda que en tu futuro profesional trabajarás en equipo). Esto es más eficiente que tener que pasar por este proceso en casa de forma aislada, y te permite optimizar tu tiempo posterior de aprendizaje autónomo. Los números hablan por sí solos; las estadísticas recogidas en cada asignatura de nuestra titulación, y analizadas por la comisión de calidad, reflejan que los estudiantes que no asisten a clase regularmente tienen una probabilidad mucho menor de superar la asignatura. Y no, estar presente en el aula en cuerpo pero no en mente no es asistir a clase.

La solución, paradójicamente, puede pasar por rescatar el bolígrafo y papel que, en una era digital, puede parecer erróneamente anticuado. Conviene recordar algo que la literatura pedagógica lleva décadas subrayando: la manera en que tomamos notas y manipulamos la información condiciona lo que entendemos y recordamos. Escribir a mano obliga a destilar, a elegir, a reordenar. No compite con el ordenador; lo complementa. Alternar bolígrafo y teclado según la tarea no es nostalgia analógica, sino higiene cognitiva. Cabe, entonces, una regla mínima de higiene cognitiva: notificaciones desactivadas, modo no molestar, y un uso del portátil limitado a lo que la asignatura exige en ese instante (programar, calcular, simular…). Para el resto, cuaderno y bolígrafo. Simplemente porque nos obliga a pensar al ritmo adecuado y evita la multitarea que todo lo diluye.

La otra tentación, perjudicial en los primeros años de formación si no se usa de forma adecuada, se llama Inteligencia Artificial Generativa. Su irrupción ha sido tan fuerte que su uso se ha generalizado y muchos estudiantes la han confundido con una salida de emergencia. Pedirle a la IA que “resuelva la práctica” seduce porque casi siempre funciona… hasta que deja de hacerlo. Es como poner una calculadora en las manos de un niño antes de que comprenda qué significa sumar, restar o multiplicar: obtiene resultados, pero no adquiere criterio. Y el criterio es el capital del ingeniero.

De la misma forma que desarrollar el pensamiento matemático es clave para el futuro de cualquier niño, desarrollar el pensamiento computacional y la habilidad para resolver problemas lo es para un ingeniero en Informática. Requiere tiempo, esfuerzo, constancia y honestidad con uno mismo. Desarrollar la habilidad para resolver problemas requiere enfrentarse a ellos. Esto implica dedicarles el suficiente tiempo como para llegar a una comprensión profunda de los mismos, probar soluciones (seguramente sin éxito inicial), tomar conciencia de que lo que habíamos pensado no funciona y por qué, modificar y evolucionar nuestra idea inicial, y así hasta llegar a una solución que funcione. Cada batalla ganada es experiencia acumulada, que potencia la capacidad para encontrar soluciones futuras, incluso a problemas más complejos. Esta capacidad adquirida también te ayudará a comprender las soluciones generadas por una IA y a tener el juicio crítico que te permita valorar si finalmente merece la pena adoptar o no esa solución. Por otro lado, desarrollar el pensamiento computacional implica, entre otras cosas, desarrollar también la habilidad para trasladar esa solución a una máquina, pero también, a través de un conocimiento profundo de los sistemas, terminar de dar forma a la solución en términos de eficiencia y robustez. Un buen ingeniero no se conforma con llegar a una solución, sino que aspira a llegar a una óptima.

Ser honesto con uno mismo durante la fase de aprendizaje y alcanzar soluciones sin apoyos externos, sobre todo en los primeros años de universidad, es la única forma de evitar el espejismo de una autoría prestada y la falsa satisfacción que esta genera. Porque el momento de la verdad llega siempre: el examen (o prueba de evaluación). Y allí, sin ningún tipo de ayuda, os encontrareis en soledad tú, tu habilidad adquirida para generar soluciones y los problemas planteados. No estar presente con los cinco sentidos en el aula, y no enfrentarse a los problemas previamente al examen, son una mala fórmula para alcanzar el éxito a final de curso. Ese momento de verdad también llega tras realizar el recorrido académico, cuando debes generar resultados mantenibles en el tiempo, en el mercado laboral. En este caso, el riesgo ya no sería superar un examen, sino carecer de la capacidad de aportación suficiente como para mantener el empleo.

Terminemos matizando el título del artículo: usemos el PC en el aula y la IA generativa, pero hagámoslo de una forma inteligente y responsable. El computador no puede alejarte del principal valor que puede aportar una clase y el aprendizaje colaborativo, debe ser una herramienta cuyo uso se limite a situaciones que lo requieran. La IA, por su parte, puede complementar el proceso de aprendizaje, pero nunca relevar al estudiante de sus responsabilidades. En un futuro será un excelente copiloto, que potenciará tus habilidades y eficiencia. Se trata de un viaje futuro y prometedor en compañía y, para ello, es fundamental evitar un uso inadecuado, en tu etapa inicial de formación, que te lastre desde el inicio y para siempre.

Javier Albusac (Profesor de la Escuela Superior de Informática en UCLM)

Comparte con:
Valora este artículo